Hombres y mujeres, e incluso chicas y chicos, se preguntan en algún momento de su vida si hoy todavía merece la pena tener relaciones monógamas.

Ya desde jóvenes es lo normal cambiar con frecuencia de «relación» por una nueva. Uno se desengancha demasiado pronto del novio o de la novia, quiere probar algo distinto y ampliar horizontes. Chicos y chicas no quieren acostarse solo con uno, no, quieren probar con muchos. A edades tempranas no es de extrañar, a muchos les pasa. Tras el primer flechazo, la rutina llega enseguida y se quiere seguir adelante. A los adultos de entre 25 y 80 años les ocurre exactamente lo mismo. Las relaciones monógamas resultan más bien aburridas y uno quiere experimentar, sin importar cuánto dure la relación ni la edad. Sin embargo, monogamia significa, a su vez, que ya se vive en una relación estable, de pareja o en matrimonio, y aun así se tiene intimidad con otras parejas sexuales. Cómo se llame eso queda a elección de cada uno: relación o matrimonio abierto, o monogamia. El instinto se vive con las parejas sexuales más diversas y, por eso, los implicados suelen sentirse más vivos y más felices.

Relaciones monógamas

Relaciones monógamas frente a poligamia


La poligamia, el matrimonio múltiple, ofrece sin duda más diversión, emoción y relajación a las parejas casadas. El instinto de caza se mantiene siempre vivo y también la pareja casada puede vivir más diversión juntos gracias a las parejas cambiantes. Las demás parejas sexuales aportan el empujón extra y enriquecen un matrimonio adormecido. Pero quien tenga un problema con los celos puede encontrar en una relación poligámica una prueba de fuego. Una relación monógama prevé que los miembros de la pareja se sean fieles y, en realidad, solo tengan sexo entre ellos. Para muchas parejas sigue siendo la solución más caballerosa. El riesgo de que uno de los dos sea infiel es hoy muy alto. Internet ofrece innumerables posibilidades que hacen la infidelidad demasiado fácil. Qué forma de vida es mejor para una pareja lo tienen que aclarar los dos en una conversación abierta. A veces uno se queda casi atónito cuando su pareja es partidaria de una relación abierta aunque hasta ahora hayáis sido fieles. Los cónyuges deberían probarlo todo una vez y después hacer balance de con qué tipo de relación son felices.

Relaciones monógamas

Ventajas de la relación monógama


En un mundo tan acelerado, muchos anhelan una pareja fiel, sincera, atenta y cariñosa. Si se tienen hijos, una relación monógama es una ventaja, porque no se debería dar a los hijos el ejemplo de una vida de picaflor. Quien sea él mismo un vividor o ella una vividora debería pensarse bien lo de querer tener hijos. ¿Qué valores queremos transmitir a nuestros hijos? Para las parejas sin hijos, una relación monógama es tan adecuada como una poligámica. En la relación monógama están todavía más presentes los valores de siempre, los que todavía conocemos de nuestros padres. Como pareja se está siempre el uno para el otro y se vive todo juntos. La fidelidad es un tema importante y, como pareja, hay que plantearse una y otra vez si se es feliz en esa situación. Pero, como lo conocemos de nuestros abuelos, una relación monógama es algo bonito, un puerto seguro en el que uno se siente protegido y puede confiar el uno en el otro.